De 60 años, el cubano americano va por
su novena candidatura presidencial en Latinoamérica. De
ellas ha ganado siete, dos en Ecuador. Espera llevar a Javier
Neira a Carondelet y "persuadir" a los más de
8 millones de electores.
Tras su cabello cenizo, manos delgadas, mediana
estatura y barba poblada, se esconde el mercader de votos. El
hombre que, a los 60 años, es como un director de orquesta,
según ha dicho el escritor Carlos Alberto Montaner. "Utiliza
inteligentemente los siempre escasos recursos y los moviliza al
unísono, como quien dirige a cien músicos y treinta
instrumentos diferentes en un teatro dotado de pésima acústica
en el que acaba de apagarse la luz, porque toda elección
inevitablemente tiene algo de caos e imprevisión".
En estos días la labor de Mario Elgarresta es de persuadir,
"de forma legítima", a los 8. 121. 979 ecuatorianos
habilitados para escoger al próximo presidente del país,
luego de los fugaces gobiernos de Abdalá Bucaram, Fabián
Alarcón y Jamil Mahuad.
Elgarresta está con el Partido Social
Cristiano (PSC), apuntalando la candidatura de Javier Neira. Al
PSC -admite- le debe conocer Ecuador y el resto de Latinoamérica,
donde trabaja hace 17 años, desde que León Febres-Cordero
lo contrató en 1984 para llegar al poder. Desde entonces,
acumula otros triunfos presidenciales: Hugo Bánzer (Bolivia),
Sixto Durán (Ecuador), Ernesto Zedillo (México),
Arnoldo Alemán (Nicaragua), Alejandro Toledo (Perú)
y Enrique Bolaños (Nicaragua).
Antes era conocido, brevemente, entre los consultores
políticos de Estados Unidos, país en el que ejerció
ocho años su profesión. Lo de él es el marketing
electoral, vender a su candidato y hacerlo ganar. Es la posta
tomada a los viejos caciques del voto, que tuvieron fama hasta
la llegada de la televisión y la revolución publicitaria.
Hoy son armas que él utiliza. No se hizo en las universidades
de EE.UU., tampoco en La Habana (Cuba) de su infancia y juventud
que abandonó por el régimen de Fidel Castro.
Allí vivió con sus padres, Soila
Rodríguez y Mario Elgarresta, y su hermano menor. Ellos
también siguieron el camino del exilio aún sin retorno.
"Me identifico con la democracia, la ideología
liberal, y no con el comunismo, socialismo ni populismo porque
he visto el daño que le hacen a los pueblos". Se formó
en el azar, la suerte, la experiencia "y después de
haber participado en muchos seminarios y trabajar con profesionales
y leer cientos de libro sobre este tema: de discursos, campañas,
de publicidad, retórica, elecciones".
Padre de cuatro hijas y abuelo de una nieta,
el hombre con un divorcio a cuestas, de hablar fluido y respuesta
inmediata, recibe a Cosas en el lujoso Hotel Hilton Colón
de Guayaquil que costea el PSC y desde donde la vista a la ciudad
es perfecta. Sus tarjetas de presentación ya no son de
administrador de empresa, como cuando trabajaba en una telefónica
de Miami, sino de presidente del Centro Interamericano de Gerencia
Política, fundador de Elgarresta Consulting Group, miembro
de la Asociación Americana de Consultores Políticos
y autor del libro "Campañas Electorales, Conocimientos
Prácticos".
A Ecuador no sólo le debe su fama, sino
también, su actual familia: su esposa María del
Rosario Jiménez Fuentes, "Chanena", la conoció
mientras captaba los votos para Febres-Cordero. La pareja tiene
una hija, Adriana María, de 12 años.
Él, insiste, trabaja sobre datos reales
y que no es pitonisa, futurista ni curandero. "Con la muestra
de 1400 personas que pedí, a escala nacional, se puede
tener una visión general de lo que el electorado desea.
Ahí viene mi trabajo. Primero es la investigación,
luego la estrategia que se convierte en comunicación y,
a través de un plan de medios, llega a los electores para
persuadirlos y cambiarlos a favor del candidato". Se siente
un socialcristiano, pero no un pirata de las elecciones.
-Usted prefiere la palabra profesional
a experto, ¿por qué?
-Soy consultor político, pero me llaman
analista, politólogo; hay un gran desconocimiento. Somos
profesionales, que cobran por ejercer su profesión y yo
vivo de esto. Soy un consultor político general. Mi especialidad
está en estrategias, definir una campaña y asesorar
en su gerencia en todos los aspectos. Hay quienes son especialistas
y se dedican, por ejemplo, a hacer cuñas de televisión
y radio.
-¿Usted es un profesional que
sólo se hizo en la experiencia?
-Es una profesión reciente y empezó
fuerte en los 60 en Estados Unidos. Cuando se desarrolló
la televisión tomaron impulso los consultores políticos.
Antes se ejecutaba la estructura de una campaña en los
"cuartos llenos de humo", como se dice. Se reunían
siete caciques (mercaderes del voto) y decían esto vamos
a hacer. Pero luego del caciquismo, desarrollamos nuestro profesión.
Directamente logramos consolidar a nuestros electores, identificar
a los que podemos atraer hacia nuestro candidato...Soy graduado
en business administration y me faltaron dos asignaturas para
hacer el masterado en la Universidad de Miami.
-Eso después que dejó Cuba,
de donde pienso nació con la vena política.
-Viví en Cuba hasta los 18 años.
Cuando salí de mi país estaba estudiaba Ingeniería
Mecánica. Aquella vena nace con la persona, como el que
toca piano o es buen arquitecto. Bueno, lo del comunismo y socialismo
se escucha hoy también en América Latina. Yo sólo
viví dos años de Castro y luego me fui.
-Y cuando le preguntan su nacionalidad,
¿qué responde?
- Cubano-Americano. Mientras Fidel Castro esté
en mi país pueden estar convencidos que no voy a regresar.
Yo defiendo la democracia y en Cuba no la hay...Por eso salí
en 1960 a Miami. También viví siete años
en Quito y tres en Caracas.
-¿Cómo se vinculó
con el trajín político?
-Coincidencialmente. Estaba un poco disgustado
de mi trabajo en Miami. Hacía la planificación en
Southern Bell (una telefónica internacional), donde estuve
cinco años (hasta 1976). No me sentía a gusto y
un amigo conocía a un aspirante al Congreso de EE.UU.,
Al Cárdenas, a quien me recomendó por mis supuestos
"dotes gerenciales" y que podía ser un buen gerente
de campaña. Yo advertí que vieramos si podía
llevarme bien con el candidato y que no sabía nada de campañas,
excepto lo que veía en televisión y las veces que
había votado. Nada más. Y me invitaron una semana
a Washington con el Partido Republicano y pasé un seminario
de cinco días. Me dijeron que me iba a guiar un asesor
político y yo administraría la campaña, como
una empresa. Renuncié a un trabajo donde ganaba más
dinero, tenía un futuro asegurado para correr tras uno
incierto, pero donde me sentía mejor. Siempre me interesó
la política. Sí, me hice en la experiencia...
-¿Y eso tiene más aval
que un título en Ciencias Sociales y Políticas?
-Es distinto. Ciencias Políticas es entender
como funcionan los gobiernos, los países. Lo nuestro es
una cosa bien práctica, es de campañas electorales,
y saber cómo movemos votos a favor de nuestros candidatos.
En Ciencias Políticas se estudian las distintas filosofías,
sistemas del mundo... Por eso un politólogo o analista
es cualquiera que habla de política. Yo no lo soy. Soy
un consultor que mueve votos, lo que no hacen los demás.
-¿Y sabe usted mover votos?
-Sí. Lo hago ejerciendo mi profesión,
identificando los problemas de los electores, a través
del mercadeo político; controlar y corregir los errores
de campañas, de los candidatos, de gerentes de campaña;
de reforzar los puntos fuertes y los débiles hacerlos fuertes.
Una campaña es parte de una empresa electoral.
-¿Por qué quiso llegar
a Latinoamérica?
-Desde que empecé en esto, hace 25 años,
siempre busqué la oportunidad. Me siento con un dominio
mayor del idioma y más identificado. En EE.UU. hay elecciones
menores todos los años y cada cuatro las de presidentes.
Se me propuso venir a Ecuador en 1984 en la segunda vuelta del
ingeniero León Febres-Cordero y sigo vinculado desde entonces
a este país.
-¿Cómo lo contactaron?
-Fue en 1894, cuando ya estaba en esto ocho años
y había participado en la campaña presidencial de
Ronald Reagan y otras de alcaldes y gobernadores en el Estado
de la Florida. Tres quiteños llegaron a Miami a buscar
ayuda para la segunda vuelta de Febres-Cordero. Uno de ellos conocía
a un amigo mío y me hicieron la propuesta. Antes de eso
no conocía Ecuador ni ninguno de los países que
hoy asesoro. Me reuní en Miami con Sixto Durán,
quien estaba ligado a la campaña y después lo asesoré
en la suya. Le dije que con gusto iba. Y en Carnaval llegué
a Guayaquil y luego a Salinas, donde estaba Febres-Cordero en
su casa. Vi en él un gran personaje, con un punto de vista
interesante, una filosofía liberal, cree en la democracia,
la defiende y se identifica como centro-derecha...Y yo también.
Entre la centro-derecha y social- democracia escojo a la primera.
Yo elijo a los candidatos.
-¿Entonces nunca trabajaría
con Bucaram, Lucio Gutiérrez o Antonio Vargas?
-Ni con Rodrigo Borja porque creo que está
equivocado en el tiempo. El tiempo ha derrotado esa manera de
pensar socialista europea. No digo comunista. El MPD ni hablemos...No
entiendo cómo hay socialistas banqueros que hacen alianzas
con conservadores, como es el caso de León Roldós.
La línea de Febres-Cordero es consecuente. Tengo la dicha
a estas alturas de mi vida y de mi experiencia de poder seleccionar
a mis candidatos. No es que a mí me contraten, no soy un
corsario ni pirata. A veces las situaciones obligan, pero he tenido
la dicha de no ser obligado por las situaciones.
-¿También conseguirá
éxito con Neira?
-Esperamos. No soy yo, es el pueblo que decide.
Todos los candidatos son distintos y tienen sus fuerzas en distintos
lugares. No veo por qué Neira no podrá ser el próximo
presidente de Ecuador. Yo no soy pitonisa, no estoy diciendo que
va a ganar. Hay 10 candidatos y, según las encuestas, hay
4 ó 5 con posibilidades. De esos estoy convencido que Neira
pasa a la segunda vuelta. Esta campaña es corta, atípica;
aún no ha comenzado y usted y yo ya estamos hablando de
ella. Asesoré, además, las de Nebot a las diputaciones
nacionales y provincial, a su alcaldía. Esta campaña
es la más corta y con una serie de limitaciones.
-¿Se refiere a los gastos?
-Lo han hecho equivocadamente, debido a la contribución
de Fernando Aspiazu (3 100 000 dólares) a la campaña
de Jamil Mahuad. Han querido igualar a todas las campañas,
lo que es imposible. Es como que usted hable bien y yo mal. Y
le pidan a usted que hable mal para estar igual a mí. Hay
que limitar lo que cada ecuatoriano puede aportar, no la cantidad
total. Ahora sólo se puede gastar un millón de dólares
para la campaña presidencial. Es irracional, una aberración.
Creo que tengo la libertad de recaudar toda la cantidad de dinero
posible.
-Con limitantes y todo, ¿cuál
va a hacer el fuerte de su estrategia?
-Ya lo verá, no se lo diré antes
de tiempo. La estrategia siempre va orientada en lo mismo: saber
cuáles son los problemas del país, identificarlos
con sus verdaderas soluciones y ver cuál es la mejor manera
de presentárselos al elector. El equipo de trabajo se está
conformando. Marcela Campuzano manejará prensa y Pascual
del Cioppo es el director.
Hay muchos voluntarios y cientos de personas
trabajando en esto. Lo mío son los ejes centrales de la
campaña, los mensajes.
-¿Y esos mensajes son para captar
especialmente al 80 por ciento de indecisos?
-Quiero ver la primera encuesta, que aún
no la tengo. Está a cargo de Pool y luego empiezo a ver
las respuestas de los ecuatorianos, sobre sus preocupaciones en
cada área y con datos reales empezamos a discutir...
-Usted parece socialcristiano...
-Es que me identifico. Pudiera ser socialcristiano
ya que el ingeniero Febres Cordero me cazó en 1984, un
23 de noviembre (y luego también lo casó). Fue mi
plataforma a América Latina. Y de mi boda con una guayaquileña,
a quien conocí cuando me trajeron esos quiteños,
fue testigo todo el gabinete del Ejecutivo. Hoy 10 candidatos
son muchos, pues no hay tantas ideologías políticas
en el mundo: no son más de cinco y lo lógico es
que hubiera cinco candidatos.
-¿Cuándo una consultoría
es exitosa?
-Cuándo se hace bien, no necesariamente
cuando se gana. A veces se pierde. En una final de fútbol
alguien pierde y los dos equipos saben jugar, con técnicos
de primera.
-¿Usted es de campañas
sucias?
No, no...Hay campañas sucias y negativas.
La negativa no es sucia. Y la sucia no se debe hacer. Eso es mentir
sobre la otra persona. La negativa es decir algo no propositivo.
Por ejemplo, si un candidato votó en contra de una propuesta
de Ley y afectó los intereses populares. Si digo eso es
totalmente válido. Si usted fue empresario y quebró
diez empresas, ¡el país debe saberlo! ¿Cómo
le vamos a dar la empresa más grande del país para
que usted la quiebre? ¿Eso es sucio? ¿He dicho algo
que no es cierto? No, pero es negativo. Es correcto si yo comparo
mi propuesta con la suya y digo que la de usted no tiene solución
a los problemas y es completamente populista y demagógica.
Las campañas negativas funcionan en el
mundo. Lo sucio es decir mentiras e ir a las cosas personales.
Si usted se ha divorciado tres veces no importa, ni tampoco si
le han puesto los cachos. Eso no lo hace mejor o peor gobernante.
Sí, hay quienes usan las campañas sucias y no me
preocupa tener que enfrentarme a ellas.
-¿Y cómo ve a los otros
candidatos?
-Mientras no vea las encuestas es mejor que usted
pregunte a un analista político. Es como si usted se sintiera
mal y vaya donde un médico. Él le pide historial
y toma análisis de orina, placas de rayos X. De lo contrario
usted está frente a un curandero o futurista. Todos los
profesionales trabajan sobre datos reales. Quienes no, entonces,
se basan en supuestos. He tenido muchos maestros, entre ellos
Ralph Murphine y Charlie Black
-¿Lo han llamado de otros partidos
de Ecuador?
-No me interesa. Con el único que trabajé
fue con Sixto, que antes fue del PSC. Puede que sí me hayan
llamado, no me recuerdo en este momento. Además, yo no
soy de los que me promociono por escrito. Mi participación
es más verbal. Hablo mejor de lo que escribo. Soy un pésimo
escritor. Me es más fácil convencer a las personas
hablando que escribiendo. Escribo poco, aunque en las campañas
hablo bastante. Así me doy a conocer mejor. Lo mío
es la retórica. Escribir mi libro fue difícil. En
él tengo una foto con el ingeniero en el Palacio de Carondelet.
No menciono a muchos personajes. Es didáctico, sobre el
contexto de campañas y no se específica de alguna.
El éxito de una campaña depende del esfuerzo de
muchas personas, pero sobre todo del candidato. Contribuyo mucho
para el triunfo, mas no soy el único.
-Neira no es un Febres-Cordero.
-No. Ni un León Roldós es Febres-Cordero,
ni un Borja es Febres-Cordero. Cada uno es uno. Febres-Cordero
es Febres-Cordero, quien es un político exitoso y con más
fuerza en Ecuador. Todas las campañas ha ganado: diputado,
presidente, alcalde. Eso me facilitó el trabajo. Neira
tiene sus características. Ha sido ministro de estado,
diputado, conoce los problemas del país, es un hombre capaz.
-Pero Febres-Cordero tuvo que encabezar
la lista de diputados por Guayas para apuntalar la candidatura
de Neira.
-No es que tuvo, sino que quiso. El tuvo es obligado.
El ingeniero dijo algo muy cierto y algunos no quieren entender:
no es lo mismo ser presidente que diputado. Ser presidente requiere
un esfuerzo máximo, no es un pasatiempo. Y físicamente
no puede. Por eso aspira a la diputación. Eso le da mayores
oportunidades a Neira, sin duda, cuya candidatura está
bien organizada. Él entiende los problemas del país,
ha ejercido una excelente diputación; no hemos sacado un
empresario que quiere ser presidente.
-¿Se refiere a Alvaro Noboa e
Ivonne A-Bakki?
-Ambos son extranjeros en su país. Yo
soy un extranjero que conoce a Ecuador hace 18 años y debo
retornar para estar de lleno en la campaña. Además,
he asumido compromisos con el gobierno de Nicaragua, un candidato
a alcalde de Lima y otro a presidente de Guatemala.
-¿Cobra mucho Elgarresta?
-Hay algunos que dicen que sí y otros
que no. Consultores que conozco cobran muchísimo más
que yo y son muchísimo peor. La campaña más
cara es la que se pierde. Y la más barata, la que se gana.
Yo he sido siete veces extremadamente bien barato y una vez bien
caro. En Panamá perdí la de Alberto Vallarino. Fue
una campaña corta. Mi profesión la comparo con la
medicina. El mejor doctor del mundo no resucita muertos. Ni siquiera
un médico chino. En mi libro cito a dos personas que debieron
ganar la Presidencia: Vallarino y Nebot. En la de este último
fue como si no hubiera estado. Nada de lo que propuse se hizo.
La campaña estaba mal influenciada. Y no la ganó
Bucaram, sino que la perdió Nebot. Y a los seis meses,
la desgracia.
-¿Usted vino a ganar?
-Yo siempre juego a ganar, lo que no quiere decir
que siempre gano. Pero de ocho campañas presidenciales
en Latinoamérica, repito, he ganado siete.n
Emilio José Carrión.
N.de D.: Al cierre de esta edición, Mario
Elgarresta, renunció a su cargo de consultor político
del PSC en la campaña de Javier Neira.