Es bueno admitirlo: Mario Elgarresta sí
tiene ases bajo la manga. El y Jaime Nebot lograron hacerle creer
a medio mundo que el líder socialcristiano se iba como
había llegado: haciendo un poco de ruido, es verdad, pero
sin mayor drama.
Drama: esa es una de las palabras clave que estuvo
a la base de una estrategia inteligente – trazada hace alrededor
de un año – que el Jueves pasado tuvo un de sus puntos
más altos (y más exitosos). Ese día, como
se sabe, Jaime Nebot anunció que renunciaba a presentar
su candidatura a la Presidencia. Lo hizo como ya lo había
hecho en otra occasion: con los responsables de su partido como
testigos y los medios de comunicación como cajas de resonancia.
Todo funcionó a la perfección.
En esta estrategia el líder del PSC no
puede perder. Su margen de maniobra es tan amplio como los resultados
que él enunció, obtenidos justamente después
de haber anunciado que se alejaba de su partido y que hablaría
como simple ciudadano: cesación Bucaram, elección
de una Asamblea Nacional, confiar la Presidencia de la Asamblea
a un antiguo contrincante político, acuerdos programáticos
con la Democracia Popular…
Esa serie la cerró con una frase: “Quizá
he podido y pueda hacer más precisamente por no ser candidato”.
Dicho de otra manera, a su partido lo ha manejado con mayor holgura
desde que tomó distancias con él. Con la sociedad,
en cambio, ensayó desde entonces, el discurso del “ciudadano
común y silvestre”. ¿Qué perseguía?
Por un lado, ponerse en el mismo andarivel que Ehlers quien, contrariando
la realidad, se autoproclamó no político. Por el
otro, sufrir una suerte de cura de desintoxicación pues
él sabía que, a fuerza de hablar, el país
ya no lo oía. Y que una de sus desventajas era hablar sin
incidir en los procesos. Eso no era bueno para su credibilidad.
Su distancia con el PSC creó un primer
complejo de orfandad entre sus coidearios. Nebot aprovechó
entonces para forzarle la mano a muchos de los caciques locales
de su partido que no se inscribían en una dinámica
nacional y patriótica desde su punto de vista. Dinámica
que implicaba renunciamientos, alianzas, revision de conductas
que ponían verdaderos abismos entre su partido y la opinión.
De ese liderazgo indiscutido dió pruebas,
por ejemplo, cuando se trató de sacar adelante la Asamblea
Nacional. O cuando –como él lo reivindica- se trató
de establecer alianzas programáticas con la DP y entregar
la presidencia a Osvaldo Hurtado.
Esos goles marcados se reflejaron en los sondeos.
Y su techo –alrededor del 28 por ciento- se alzó
hasta el 32 por ciento (se habló incluso de 34 por ciento).
Su anuncio, reiterado, de que no será candidato, tambien
le ha ayudado a que los puntos que el electorado considera “negativos”
pasen de 36 por ciento –o más- a casi 20 por ciento.
Se puede hablar, en ese caso de una estrategia sostenida y efectiva.
Estrategia en la que él incluyó
un acercamiento, con planteamientos implícitos pero reales
de binomio- a Rodrigo Paz. De ahí la sorpresa del ex Alcalde
de Quito ante el anuncio de su supuesta retirada: nunca Paz tuvo
esa sensación cuando se reunieron hace pocos días
en la casa de Blasco Peñaherrera Jr.
No podia tenerla. Nebot y sus estrategas (es
muy difícil evaluar cuántas personas en su entorno
están realmente al tanto de sus planes), mantienen viva
la esperanza de encarar con éxito su único escollo
(!pero qué escollo!): la segunda vuelta.
En ese sentido, el líder del PSC ha multiplicado
los encuentros con otros responsables políticos y enviado
mensajes, con sello nacional, a la sociedad: está dispuesto
a tranzar alrededor de acuerdos programáticos. Es consciente
de que su partido, aún siendo el más votado en el
país, no puede gobernar solo. Si hace acuerdos, cumplirá
su palabra…
¿Estas sutilezas le llegan al gran público?
No es seguro. O llegan cargadas de escepticismo. Por esto, y paralelamente,
han mantenido la otra estrategia: la del drama. La del escenario
vacío en el que él ha puesto al país a evaluar
–subliminalmente contra él, por supuesto- los que
quedan: sobre todo Jamil Mahuad y Freddy Ehlers. Es una movida
tan teatral y tan sutil que ayer el tono oscilaba entre la conmiseración,
el respeto, el duelo y la admiración: Nebot y Elgarresta
se anotaron un gol olímpico.
Con una ventaja suplementaria: si en las semanas
que vienen nada cambia a su favor, Nebot podrá repetir
que él renunció desde abril de 1997…