LA
NUEVA ESCUELA POLÍTICA DE LATINOAMERICA
¿SE APRENDERÁ LA LECCIÓN?
La gerencia política ---o, simplemente, el arte de gobernar---
es una disciplina que está popularizándose en América
Latina, pero que aún enfrenta numerosos obstáculos,
tanto históricos como politicos.
Por Carlos Molina / Revista TACA, Edición
Septiembre 2002
Su
candidato favorito explica en detalle su plan para crear más
puestos de trabajo y revitalizar la economía, como si se
hubiera graduado en las materias. Levanta las manos en señal
de victoria, sonríe, se despide de la audiencia, también
de manera estudiada.
¿Suena familiar? Probablemente así
sea, ya que en los últimos tiempos tales acciones parecen
estar viéndose cada vez más en las campañas
electorates y en la política en general, con candidates
que proyectan el mensaje preciso, usan la palabra y el gesto exactos,
aparentemente como resultado de un concienzudo estudio de la realidad
que los rodea.
En efecto, los políticos han vuelto a
la escuela. Pero se trata de una educación muy particular
sólo para los que gobiernan. La discipline se ha dado en
llamar Gerencia Política, un fenómeno que tiene
sus orígenes en los años cincuenta en los Estados
Unidos, pero que apenas ha empezado a tomar cuerpo en América
Latina. Se trata de crear políticos más eficientes
y más profesionales, advierte Mario Elgarresta, pionero
en esta disciplina y presidente del Centro Interamericano de Gerencia
Política, con sede en Miami, Florida.
"La idea central es que mejoren su entendimiento
de los procesos electorates y políticos, para que tomen
mejores decisiones de campaña y de gobierno", dice
el consultor, que ha participado en siete campañas presidenciales
ganadoras: Ernesto Zedillo (México, 1994), Arnoldo Alemán
y Enrique Bolaños (Nicaragua, 1996 y 2001, respectivamente),
León Febres-Cordero (Ecuador, 1983) y Sixto Duran-Ballén
(Ecuador, 1991), Alejandro Toledo (Perú, 2001), y el ex-general
Hugo Banzer (Bolivia, 1997).
Políticos conscientes

Mario Elgarresta |
Elgarresta señala que esto se ha logrado
haciendo a los políticos más conscientes de las
verdaderas necesidades de la población, y planteándoles
soluciones para abordar estos temas de la manera más efectiva.
Como ejemplo reciente, el experto cubanoamericano menciona el
caso de Toledo. "Determinamos que lo que la población
quería era trabajo, a pesar del clima anticorrupción
que reinaba", recuerda. "Y le dimos al candidato todos
los elementos para hacer Ilegar ese mensaje de manera efectiva,
durante y después de la campaña".
Ahora bien, hay elementos inherentes al proceso
de gobernar que pueden interferir con este proceso de "reeducación
política". Entre ellos figuran los conflictos surgidos
de la dinámica de gobierno como la relación del
presidente con el congreso y la oposición y, en general,
los problemas económicos, que en conjunto pueden conducir
a una 'distorsión de la propuesta original".
"Nuestro trabajo es tratar de evitar respuestas
populistas, pero eso siempre es un riesgo en vista de las presiones
a las que el gobernante esta expuesto", según señala
Elgarresta. Aunque el consultor indica que América Latina
"está aún en pañales" en términos
de la profesionalización de su política, parece
haber un progresivo reconocimiento de esta necesidad entre los
funcionarios públicos. "Cada vez más se involucra
a expertos en gerencia política tanto de nuestro centro
como de otros centros, y ha habido un incremento dramático
en la participación de los políticos en nuestros
programas", dice el consultor.
Proceso en desarrollo
Aun así, es evidente que la política
en América Latina dista mucho de ser un oasis de estabilidad
y credibilidad, como se ha advertido en los casos recientes de
Venezuela, Argentina y Perú, por citar tan sólo
algunos ejemplos cercanos. Parte del problema es que la profesionalización
de la política apenas se ha iniciado, y tímidamente.
Este proceso ---que es esencialmente educativo--- debe empezarse
desde las bases, involucrando a las nuevas generaciones de políticos
apenas empiezan sus carreras.
"Se debe trabajar con gente joven, desde
los estratos de gobierno más básicos como los ayuntamientos",
dice Christopher Arterton, decano de la Escuela de Postgrado de
Gerencia Política de la Universidad George Washington,
la cual ha visto pasar por sus aulas a numerosos líderes
norteamericanos y, crecientemente, latinoamericanos. "La
clave está en recalcar la importancia de construir consensos
y tomar conciencia de que las instituciones democráticas
son más importantes que los individuos", añade.
Por lo pronto, las propias carencias del sistema
y las situaciones de crisis están estimulando la demanda
por los servicios de asesoria electoral y por los estudios de
gerencia política. Por ejemplo, recientemente el programa
de postgrado que dirige Aterton ha visto incrementar su cuota
de alumnos latinoamericanos a cerca de 10% del alumnado.
Es un trabajo de largo aliento. Y no es para
menos: el objetivo de la educación política es la
mejora de la cultura democrática y, por ende, de las condiciones
imperantes en la región. "Si hacemos que la política
sea más eficiente, en un ambiente más competitivo
y exento de caudillos, habremos avanzado enormemente en la modernización
de nuestras sociedades", señala Carlos Alberto Escalante,
actual director ejecutivo del Centro de Gerencia Política.
"La meta es mejorar nuestra experiencia
democrática", añade. El tiempo dirá
si nuestros políticos --- y también nosotros ---
aprenderemos bien estas lecciones democráticas.
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