El país más aburrido
El Nuevo Herald.com | Edición - junio 8 del 2003
| Miami, Florida
Mientras una buena parte de América Latina está
criticando los supuestos males de la apertura económica
y el libre comercio, Chile está yendo en dirección
opuesta, y parece estar logrando más que los demás
en la lucha contra la pobreza.
El éxito chileno --o, por lo menos,
el éxito del país en comparación con sus
vecinos-- fue el tema del día en los corredores de la
ceremonia realizada en Miami el viernes, en la que Chile se
convirtió en el primer país sudamericano en firmar
un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. El acuerdo
le permitirá a Chile exportar un 85 por ciento de sus
productos sin tarifas aduaneras al mercado más grande
del mundo.
En la ceremonia, presidida por la canciller
chilena Soledad Alvear y el representante comercial estadounidense
Robert Zoellick, algunos de nosotros en la audiencia estábamos
bromeando sobre lo curioso del caso chileno: el país
más aburrido de la región, políticamente
hablando, es el que mejor funciona.
Mientras que la mayoría de sus vecinos
están todavía discutiendo --casi 200 años
después de su independencia-- qué sistema económico
quieren adoptar cuando sean grandes, Chile tomó su decisión
hace tiempo. Los gobiernos chilenos van y vienen --de derecha,
de centro y de izquierda-- pero todos siguen las mismas pautas
de apertura económica y disciplina fiscal.
''En Chile hemos podido generar consensos básicos
de la sociedad'', me dijo la canciller Alvear en una entrevista
tras la ceremonia. ``No se ponen en duda las bondades de una
política económica abierta''.
Tanto es así, que el acuerdo de libre
comercio con Estados Unidos fue firmado por el gobierno del
Partido Socialista del presidente Ricardo Lagos. En la audiencia
estaban líderes sindicales de la Central Unitaria de
Trabajadores de Chile.
El haber evitado los vaivenes políticos
y económicos de sus vecinos le ha dado buenos resultados
a Chile.
Desde 1988, cuando un plebiscito derrotó
al ex dictador Augusto Pinochet en las urnas, Chile ha reducido
sus niveles de pobreza en más de la mitad. El número
de personas que viven con menos de $2 por día cayó
del 42 por ciento en 1999 al 20 por ciento en la actualidad.
En cambio, los países con líderes
mesiánicos que hacen discursos incendiarios contra el
''neoliberalismo'' han generado un círculo vicioso de
fuga de capitales, mayor desempleo y mayor pobreza. Miren a
Venezuela: desde que asumió el presidente populista de
izquierda Hugo Chávez hace tres años, la pobreza
aumentó en 2.5 millones de personas, según el
ex economista en jefe del Banco Interamericano de Desarrollo
Ricardo Haussman.
Aunque la tasa de crecimiento económico
de Chile bajó de un fenomenal promedio del siete por
ciento en la década de 1990 a un promedio del 2.5 por
ciento en los últimos tres años, Chile ha sido
el país de crecimiento más constante en la región.
El ingreso per cápita chileno, de $9,417 por año,
es uno de los más altos de América Latina, según
las Naciones Unidas.
Comparativamente, Cuba no da a conocer su ingreso
per cápita, aduciendo que la medida no toma en cuenta
los subsidios estatales, pero el salario medio en la isla es
de $120 anuales (sí, leyeron bien). En Chile, al contrario
de lo que ocurre en gran parte de la región, el tamaño
del Estado está disminuyendo, los jóvenes votan
cada vez más por la derecha, y la vida política
tiene a converger en el centro, dicen los encuestadores.
''Estamos convirtiéndonos en una democracia
a la norteamericana'', me señaló Eugenio Tironi,
un sociólogo que ha sido asesor de imagen de Lagos. ``Al
igual que en Estados Unidos, tenemos dos coaliciones políticas,
un gobierno cada vez más chico, y una sociedad cada vez
más individualista''.
¿Se convertirá Chile en una isla
de estabilidad económica en Sudamérica, o será
un modelo que será seguido por sus vecinos?, le pregunté
a Alvear.
''Modelo no nos gusta ser'', respondió
la canciller. ''Genera antipatía, parece algo presuntuoso'',
respondió. ``Pero hemos logrado establecer logros estratégicos
claves para el país, sostenidos en el tiempo. No se puede
reinventar, con cada gobierno, los objetivos estratégicos
del país''.
Estoy de acuerdo. Hay muchas cosas que criticar
en Chile, incluidas unas fuerzas armadas que conservan privilegios
económicos absurdos que datan de la era de Pinochet,
una brecha entre ricos y pobres más amplia que la de
los países desarrollados, y una prensa que --aunque libre--
podría ser mucho más incisiva.
Pero no hay duda de que mientras que gran parte
de sus vecinos han dado violentos bandazos políticos
en años recientes, Chile --calladito y aburrido-- se
ha mantenido en la misma senda, y ha hecho mucho más
por reducir la pobreza que los capitanes del micrófono
que se autoproclaman campeones de la causa de los pobres.
